El 25 de enero de 1569 el rey Felipe II establece en Lima y México el Tribunal de la Santa Inquisición, con el objetivo de proteger a la población de las prédicas y prácticas contrarias a la fe católica.

El encargado de instalarlo en nuestro país fue el virrey Francisco de Toledo en 1570.

El Tribunal utilizaba la tortura como mecanismo para “purificar el alma” y lograr la confesión del inculpado.

Una vez declarado culpable, la persona recibía un castigo, llamado “auto de fe”, que era ejecutado en la Plaza de Armas ante el público.

Las penas iban desde azotes hasta ser quemados vivos en la hoguera. Fue abolido en 1820 durante las batallas en pro de la Independencia.

UN POCO DE HISTORIA

El Tribunal de la Santa Inquisición o Santo Oficio fue constituido por el Papa Gregorio IX en el siglo XIII con la finalidad de perseguir y castigar a los herejes, así como mantener la pureza de la fe católica.

El cargo de inquisidor fue confiado casi en exclusiva a la orden de los franciscanos y dominicos, debido a su mejor preparación teológica y su supuesto rechazo a las ambiciones mundanas.

Aparte de su labor religiosa, también se le confió la defensa y el fortalecimiento de la autoridad del Estado.

TOMA NOTA

Uno de los lugares más concurridos en el Centro Histórico de Lima es el Museo de la Santa Inquisición. Puedes visitarlo de lunes a domingo de 9:00 am a 5:00 pm. La entrada es libre.

¿SABÍAS QUE…?

El Tribunal comenzó sus actividades en un local alquilado que se ubicaba al frente de la Iglesia de La Merced, en el actual Jr. de la Unión de Lima. Pero esto no resultó muy adecuado para su funcionamiento. Por eso, en 1584, se trasladó a la casa de Nicolás de Rivera, frente al actual Congreso. Ahí funcionó hasta que fue abolido.

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