Luis Fernando Galván

Uno de los temas más recurrentes en el cine de ciencia ficción es la llegada de los extraterrestres representada como una amenaza que atenta contra la estabilidad de los seres humanos, quienes inmediatamente se organizan para atacar a los visitantes mediante olas de explosiones, tiroteos y frenéticas secuencias de acción. Sin embargo, en La llegada (Arrival, 2016), un elegante, íntimo y fascinante relato de ciencia ficción, la interacción primaria entre el humano y el alienígena es comunicativa, no combativa. Y esto le permite al cineasta canadiense, Denis Villeneuve (Incendies, 2010; Sicario, 2015), confeccionar una inteligente y melancólica reflexión sobre el lenguaje, la comunicación, la percepción, el tiempo y las relaciones humanas.

Doce misteriosos objetos voladores no identificados llegan a la Tierra para dispersarse en diversos puntos del planeta. Uno de ellos se encuentra en Montana, y el ejército de Estados Unidos establece un campamento base para explorar la nave espacial extraterrestre. Para entender la naturaleza de esta sorpresiva visita, el coronel Weber (Forest Whitaker) decide integrar a su equipo a la Dra. Louise Banks (Amy Adams), una experta investigadora en temas de lingüística, y un científico matemático llamado Ian Donnelly (Jeremy Renner) con el objetivo de descifrar el lenguaje, la tecnología y las intenciones de los visitantes. A pesar de mostrar desde el principio la llegada de los alienígenas, Villeneuve mantiene un impresionante sentido del misterio alrededor de ellos; estos oscuros y gigantes heptápodos aparecen envueltos en una intensa neblina y conforme se aproximan son percibidos con temor y curiosidad por Louise e Ian. A partir de ese momento, la dupla enfoca todos sus esfuerzos en el intercambio de palabras con el objetivo de descubrir el lenguaje de aquellos extraños seres.

Al igual que Story of Your Life (1998), la novela original de Ted Chiang en la que se basa el filme, el guión de Eric Heisserer (Lights Out, 2016) reflexiona sobre cómo el lenguaje y la comunicación son indispensables para los procesos de percepción. En pantalla se muestra el trabajo de la lingüista para descifrar un lenguaje escrito desconocido basado en una caligrafía y códigos circulares –que mucho tiene que ver con la concepción del tiempo circular que los extraterrestres tienen, a diferencia de la concepción de un tiempo lineal (y una escritura lineal) que tenemos los seres humanos. Aunque Louise se percata que la sintaxis y la estructura de la fonología extraterrestre exponen los límites de la expresión humana, una vez que aprende el nuevo lenguaje, es capaz de articular una insólita perspectiva de la manera en que se desarrolla la vida en la Tierra. De forma gradual, Louise experimenta empatía con los visitantes y sus esfuerzos para comunicarse con ellos provocan la apertura de las grietas emocionales de su pasado que comienzan a desorientarla. Sin embargo, el proceso de comunicación con los extraterrestres le ayuda a reconfigurar su cronología para favorecer una sintaxis del tiempo circular. Cuando la protagonista comprende los principios matemáticos bajo los cuales se rige el sistema de comunicación de los extraterrestres, modifica su manera de percibir el tiempo y experimenta recuerdos vívidos –asociados al dolor de la trágica pérdida de su hija– que se convierten en la clave para desentrañar el principal enigma: ¿Cuál es el propósito de la visita de estos peculiares seres al planeta Tierra?

El director canadiense sugiere que la vulnerabilidad y la fragilidad de Louise son elementos primordiales para que ella esté dispuesta a aprender una nueva forma de comunicación. Hay una concepción muy bella en esta idea que se remonta al concepto de inteligencia emocional, es decir, la capacidad de controlar y reconocer las emociones propias y también las que experimentan los otros para fomentar un sistema efectivo de comunicación basado en la empatía. La inmersión en el idioma extranjero vuelve a configurar los parámetros cognitivos de Louise y esto es atribuible a una teoría lingüística específica que señala que el lenguaje y su estructura pueden dar forma e influir en los pensamientos y percepciones del mundo y, por el contrario, las restricciones del lenguaje pueden ser obstáculos para alcanzar la cognición. Pero todos estos conceptos e ideas son abordados en una atmósfera emocional, más que puramente científica, para orientarlas a reflexiones profundamente humanas sobre el dolor, el amor y la interacción.

Amy Adams encarna la fragilidad humana de Louise de una manera convincente, enternecedora y emotiva. La actriz estadounidense, que está teniendo un gran año también por su papel en Nocturnal Animals (Dir. Tom Ford, 2016), ofrece una interpretación llena de inquebrantable pasión y fuerza. Adams no tiene miedo de mostrarse vulnerable cuando la lingüista entra en el vientre de la nave alienígena por primera vez. Louise es, después de todo, un ser humano y el miedo es una emoción primordial de nuestra especie. Sin embargo, la adrenalina de encontrarse con los extraños seres sólo alimenta su búsqueda de conocimiento y Louise se convierte en una líder silenciosa al sorprender a cada hombre del ejército cuando demuestra su capacidad para relacionarse con los alienígenas a nivel humano, es decir, usando sus ojos, sus manos, su rostro y cada aspecto de su ser para romper las barreras en la comunicación independientemente del protocolo que debe seguir. En este sentido, la película examina los elementos de conexión y comunicación que parecen habérsenos olvidado en la era digital. Louise se basa en los métodos de la vieja escuela; busca establecer el diálogo cara a cara para crear un lazo de confianza y construir un verdadero puente de interacción. Arrival es una película de ciencia ficción sorprendentemente analógica que recurre muy pocas veces a las comodidades digitales para impulsar el relato. Mientras el poder de los alienígenas ha sido representado en otros filmes de ciencia ficción mediante naves, aparatos y herramientas de tecnología avanzada, en Arrival se evidencia la inteligencia de estos mediante su sofisticado sistema de escritura y su cautivadora comprensión del tiempo.

Recurriendo a  la pulcra fotografía de Bradford Young (que constantemente acentúa el diseño de producción minimalista) y la banda sonora de Jóhann Jóhannsson (que alimenta la llegada de los enigmáticos visitantes con una euforia de adrenalina incesante), Villeneuve evidencia su dominio en el despliegue de imágenes metafóricas que evocan el poder visual, la crudeza emocional y la emoción especulativa de sus anteriores trabajos. La inserción de flashbacks en el presente recuerda la manera en que se unen las múltiples perspectivas de un mismo acontecimiento en su visceral Polytechnique (2008); las naves espaciales son cápsulas grises monolíticas que recuerdan la enorme araña de la escultora Louise Bourgeois que también es aludida en Enemy (2013). Con una tensión narrativa fina y constante, el realizador canadiense continúa sus reflexiones en torno a problemáticas universales del ser humano como la culpa y la alienación corporal de Maelström (2000); la reconstrucción de la memoria personal en Incendies (2010); la pérdida y el dolor en Prisoners (2013); los enigmas existenciales y los profundos temores internos como el miedo al fracaso y la amenaza de no poder evolucionar como ser humano en Enemy; los laberintos morales, los retos y los límites en Sicario (2015).

Manteniendo el espíritu de la meditación filosófica sobre qué significa ser humano y cuál es el lugar del hombre en el universo que planteó Andrei Tarkovsky en Solaris (1972) y con alusiones a la manera en que la civilización confronta sus prejuicios en The Day the Earth Stood Still (Dir. Robert Wise, 1951), Arrival, más que la búsqueda del otro, es una invitación a la cooperación y la comprensión mutua a través de ese lenguaje total y universal (las emociones) que se abstrae de la lengua hablada (los idiomas). Los cánones de la ciencia ficción se abordan con respeto a la tradición, pero son desplazados sagazmente hacia una historia humana, en donde el giro final revela su universalidad. A medida que la película se acerca a su conclusión, el director ofrece lo inesperado como una progresión natural de las exploraciones reflexivas de la película: en el encuentro con el otro, Villeneuve nos invita a aceptar el amor, la pérdida y descubrirnos a nosotros mismos.


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