Un genio según la RAE es alguien con una “capacidad mental extraordinaria para crear o inventar cosas nuevas y admirables” , un mito “una persona o cosa rodeada de extraordinaria estima”. Charlie Parker es, a la vez, un genio y un mito. Son palabras que se adjudican con mucha facilidad pero que en el caso de Parker son la pura verdad. Pocas personas han tenido un mayor impacto en su campo que el que tuvo el saxofonista de Kansas City en el mundo del jazz. Es más el punto de inflexión más claro de esa música fue la irrupción de Parker y el be bop. Ni la nota más corta sobre historia del jazz puede saltarse su nombre. Podríamos decir que junto a Louis Armstrong, Duke Ellington, Miles Davis y John Coltrane forma el repóker de figuras fundamentales de su historia. Él además ocupa el puesto del medio cronológicamente y tanto a Miles como a Coltrane se les puede considerar como discípulos suyos. Al contrario que los demás su éxito comercial fue bastante menor y su carrera más corta. Es por ello que su vida está salpicada por la bruma de la leyenda.

Sus primeros pasos apenas se conocen, Robert Altman le sitúa como un espectador adolescente del mítico duelo entre Coleman Hawkins y Lester Young en Kansas City, lo cierto es que Young será una de sus primeras influencias, aunque al contrario que otros muchos saxofonistas, no se contentará con imitar el sonido de Pres. El hecho de que su instrumento no sea el saxo tenor sino el alto, hará que también tenga la influencia de los dos altos más reconocibles de la época, Johnny Hodges y Benny Carter, pero el “perseguidor” (como se llamaba el relato que le dedicaría Julio Cortázar) tenía que buscar su propio sonido. En su cabeza inquieta las notas flotaban en el aire y el “pájaro” se elevó del suelo para encontrarlas y darlas un sentido. Cuando lo consiguió el mundo del jazz no volvió a ser el mismo.

Hasta la aparición de Parker el jazz vivía inmerso en la época del swing, grandes orquestas en las que los solistas tenían unos pocos segundos para hacer su solo y todo estaba más mecanizado. Los solos se improvisaban a través de la melodía pero Parker se dio cuenta que podía improvisar a través de los acordes, creando así nuevas variaciones sobre la estructura de los temas, pudiendo tocar muchas más notas y más rápido. A su llegada a Nueva York encontró a varios músicos jóvenes que estaban en su misma onda. Gente que se reunía en el Minton´s a altas horas de la madrugada (a los músicos se les invitaba a comer los lunes). Fue allí en interminables jam sessions donde el be bop fue cogiendo forma. Entre los habituales estaban músicos como Thelonious Monk, Kenny Clarke o el hombre con el que formaría una de las más importantes asociaciones en la historia del jazz, Dizzy Gillespie.

Diz y Bird congeniaron rápidamente, a pesar de ser dos personalidades totalmente distintas, Dizzy era risueño, afable, buen organizador y bastante responsable, mientras que Bird era más taciturno, un desastre personal y un yonqui desde los quince años. Los dos estuvieron durante un tiempo en la banda de Earl Hines, donde gozaban de bastante libertad gracias a su veterano líder al que no le importaba innovar. Este periodo y el que compartieron junto a la banda del cantante Billy Eckstine no está registrado en disco, pero, aun así, la voz se fue corriendo y, poco a poco, todos los músicos empezaron a hablar de la nueva música y de sus nuevos apóstoles. Entre los jóvenes hubo una adhesión cercana a la idolatría. Allá por dónde pasaban los arcángeles del be bop, una oleada de músicos jóvenes se acercaba a verlos tocar. Fue así como un joven Miles Davis tuvo su primer contacto con sus ídolos en su Saint Louis natal. Entre los veteranos hubo división de opiniones, Duke Ellington o Count Basie aplaudieron las innovaciones pero el gran Louis Armstrong nunca pudo entender el invento, al que calificó como “música china”.

“Sexo, drogas y jazz”

Las actuaciones de Parker y Gillespie con una sección rítmica en los clubes de Nueva York mientras no estaban de gira con la big band, son materia de todo tipo de leyenda. Había gente que se acercaba con un magnetofón para grabar los solos de Bird y aprendérselos nota por nota. De repente todos los saxofonistas jóvenes sonaban como Parker, Bud Powell llevaba sus innovaciones al piano y los músicos más veteranos, como el padre del saxofón Coleman Hawkins, comenzaban a introducir giros be bop. El hecho de que a inicios de los años 40, en plena II Guerra Mundial, hubiese una prohibición a la hora de grabar discos hizo que cuando finalmente Bird y Diz entrasen en un estudio de grabación a inmortalizar su música esta ya estuviese en su momento álgido. Cuesta imaginar lo que tenía que pasar por la cabeza de un aficionado al jazz que hubiese estado combatiendo cuatro años en Europa o en el Pacífico y volviese a casa y pasase de escuchar el ‘In the mood’ de Glenn Miller al ‘A night in Tunisia’ de Bird y Diz, pero debía ser algo parecido a “¿nos han invadido alienígenas?”.

Puede que esta fuera una de las razones por las que el be bop no tuvo tanto éxito como el swing, pero es mucho más importante la de que los beboppers no anhelaban el éxito comercial sino la respetabilidad artística. Hartos de actuar como bufones para la alta sociedad blanca, Parker y compañía se sentían artistas y así querían ser tratados. Su forma de vestir, de hablar se asemejaba a la de los bohemios europeos. La generación beat literaria les tomó como héroes. Para Kerouac, Cassidy o Ginsberg, la vida era “sexo, drogas y jazz”. Cuando hablaban de sexo era de mucho, cuando hablaban de drogas era de todas pero cuando hablaban de jazz, el único Mesías era Charlie Parker.

En 1945 Bird se volvió a encontrar con el joven Miles Davis, éste había ido a Nueva York a aprender directamente de sus ídolos, Charlie Parker no se lo puso difícil, sin un duro en el bolsillo se fue a vivir con el acomodado trompetista al que su padre pagaba un apartamento. Como compensación Miles pasó a tocar en su grupo. El día en el que fueron a grabar por primera vez a un estudio de grabación es conocido como “la sesión de grabación más importante de la historia del jazz”. En el recuerdo dos canciones, ‘Now´s the time’ y ‘Koko’, en esta última el joven trompetista tuvo que dejar su lugar a Dizzy, presente en el estudio, ya que no podía tocar el complicado motivo del mismo.

Una temporada en el infierno

Así iba creciendo la leyenda de Parker hasta que, finalmente, sus demonios le alcanzaron. Fue en California, Parker y Diz habían ido hasta la Costa Oeste a llevar la nueva música, el be bop. Al principio solo interesó a los músicos, el club en el que tocaban no se llenaba, aunque no hubo un solo músico de Los Ángeles y alrededores que no se viera influenciado por el nuevo estilo. Diz se preparó para hacer las maletas, cobró su dinero, compró billetes para todos y puso rumbo a su querido Nueva York, Bird vendió su billete y lo cambió por unos pocos gramos de heroína. Poco después el músico más importante de su generación malvivía en Los Ángeles donde se asociaba con gente tan poco recomendable como ‘Moose the Mooche’, el camello que le conseguía la droga, al que incluso compuso una canción. Para conseguir más dinero Parker firmó con una compañía, Dial, en la Costa Oeste, a pesar de tener un contrato exclusivo con Savoy, en la Costa Este. Al final su viaje a los infiernos terminó el 29 de julio de 1946. En un estado catatónico atiende a una sesión de grabación, allí graba un ‘Lover man’ que siempre ha dividido a sus críticos, el momento en el que hace crack una de las mentes más inquietas de su tiempo o la bella constatación del sufrimiento humano hecho arte. Después de grabar Bird vuelve a su mísera vivienda donde prende fuego a su colchón y sale en calzoncillos a la calle. Allí será recogido y enviado al sanatorio mental de Camarillo, donde estará ingresado los siguientes seis meses.

Afirmar que tras su salida Bird ya no tenía nada que decir sería totalmente falso, aún le faltaba grabar algunas más de las canónicas sesiones para Dial y Savoy, como ‘Relaxin´at Camarillo’, sus maravillosas grabaciones con cuerdas, sus coqueteos con la música cubana o sus reencuentros con Dizzy, pero sí que es verdad que la revolución ya estaba hecha y Parker no logró volar más allá de ella. Las nuevas big bands, lideradas por gente como Woody Herman o Stan Kenton, coqueteaban con el be bop, los compositores de música “culta” se rendían ante Parker y hasta los antiguos maestros como Lester Young, Johnny Hodges o Benny Carter tocaban con él. Los músicos de jazz habían dejado de ser ‘enterteiners’ para convertirse en artistas. Eso sí al inicio de los años 50 no había nadie que no estuviese influenciado por Parker. Años más tarde su seguidor, y amigo, Charles Mingus compuso una canción con el significativo título de ‘If Charlie Parker was a gunslinger there´d be a whole lot of dead copycats’, algo así como “Si Charlie Parker fuese un pistolero habría un motón de imitadores muertos”. Amén.

Un saxofón de plástico

La rehabilitación en Camarillo fue un espejismo y a su drogadicción crónica le sumó una ingesta cantidad de alcohol y comida. En 1953 una revista canadiense organizó un concierto en el que reunió a los que había elegido como mejor trompeta, piano, bajo, batería y saxofón del jazz. Dizzy Gillespie, Bud Powell, Charles Mingus, Max Roach y Charlie Parker. Bird apareció sin instrumento tras haberlo vuelto a empeñar a cambio de algo de droga así que tuvo que tocar un saxofón de plástico prestado. Solo un genio puede lograr que un instrumento así suene como sonó la noche del 15 de mayo en el Massey Hall canadiense. Una pena que el evento fuera programado el mismo día que Rocky Marciano defendía su título de campeón de los pesos pesados contra Joe Walcott. El aforo no se llenó y Dizzy, un gran aficionado al boxeo, salía a la menor ocasión del escenario para ver la pelea. Por fortuna, Mingus y Roach grabaron el concierto y quedó demostrado, una vez más, que Bird volaba más alto en directo.

Fue una de sus últimos conciertos, los dueños de los clubes le tenían vetado por sus múltiples incomparecencias, los sellos discográficos, que albergaban a cientos de imitadores, le rehuían pues no estaban dispuestos a pagar horas y horas de estudio esperando que apareciese. Para más inri, el club de jazz más importante de Nueva York, el Birdland, había cerrado sus puertas para el hombre al que rendía homenaje en su nombre. El propio Bird se encontraba atormentado pensando que se repetía y acariciaba la idea de involucrarse en la música clásica. Nada parecía ir bien para el hombre que había cambiado la cara al jazz. Así que el día 12 de marzo de 1955 se dirigió a la casa de su buena amiga la Baronesa Pannonica de Koenigswarter, una mecenas del jazz a la que el propio Thelonious Monk había dedicado una canción. Fue la última persona que le vio con vida, tras dejarlo riendo a carcajadas ante un programa de televisión, Pannonica se lo encontró muerto en su sofá. El doctor que certificó su muerte dijo en su informe que era un varón de raza negra de unos 55 años de edad. Tenía 34. Evidentemente Charlie Parker vivió deprisa pero no dejó un bonito cadáver.

Siempre me ha gustado pensar que lo que aparece en la película que Clint Eastwood le dedicó es verdad, que hubo una despedida con Dizzy en la que Bird le preguntó como lo conseguía, como podía vivir su vida, disfrutar, tener una mujer, etcétera y Dizzy le dijo tampoco importa tanto, yo viviré una larga vida, pero la gente te recordará a ti.


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