Comentarios Oferta inmobiliaria: Mira la evolución de las fachadas en Lima

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Según Germán Dávalos, gerente de Operaciones y Selección de Quantum Grupo Inmobiliario, los distritos más proclives a la “modernidad”, son aquellos que tienen parámetros urbanísticos menos rígidos, factores de densidad urbana con mayor potencial para crecer y mayor acogida de inversiones comerciales. (Foto: Dante Piaggio/El Comercio)

Todo entra por los ojos y la actividad inmobiliaria en Lima ha experimentado muchos cambios que se reflejan, principalmente, en la ampliación de su oferta –departamentos más pequeños u oficinas boutique-. Sin embargo, no es lo único que ha cambiado en este rubro. Las fachadas de los edificios están tomando protagonismo en un escenario en el que los consumidores son cada vez más sofisticados, y que además de practicidad, buscan valor agregado en la estética y el diseño de sus viviendas.

“Tradicionalmente las fachadas han sido de concreto pintado y vidrio templado. En los años setenta se empezaron a construir edificios con fachadas de concreto expuesto, como el de Petro Perú, Museo de la Nación y el Centro Cívico”, explica Álvaro Chang-Say, director creativo de la inmobiliaria Armando Paredes. Sin embargo, hoy día, las ‘caras’ de Lima están atravesando un proceso de cirugía plástica, dándole espacio al diseño, los materiales no tradicionales y a la funcionalidad, asegura José Antonio Armejo, gerente general del Grupo Inmobiliario Lusso.

En esa misma línea, los diseños simétricos con ventanas repetitivas han sido reemplazados por la transparencia y el movimiento, rompiendo la simetría y dándole personalidad a los edificios, detalla Luis Valente, arquitecto de Quantum Grupo Inmobiliario.

Lo más agradable para las personas, continúa, son las fachadas de terrazas translúcidas con ventanales de piso a techo e inclusive con jardines verticales, lo que además impulsa el uso de materiales ligeros y resistentes. A esto, se le suman el terrazo, los mosaicos, la pepelma, la madera y la carpintería metálica, según Chang-Say.

Los distritos más proclives a la “modernidad”, son aquellos que  tienen parámetros urbanísticos menos rígidos, factores de densidad urbana con mayor potencial para crecer y mayor acogida de inversiones comerciales, según Germán Dávalos, gerente de Operaciones y Selección de Quantum Grupo Inmobiliario. Miraflores, San Isidro, Barranco y La Molina son algunos de ellos, asegura Chang Say. Esto, debido al perfil de las personas que buscan vivir allí, por lo general, jóvenes que disfrutan de la exclusividad en diseños, del arte y de un aire más cosmopolita, detalla Armejo, quien asegura que más allá de una distinción zonal, estas nuevas ofertas están más relacionadas al compromiso de las inmobiliarias de ofrecer un portafolio diferenciado.
Tendencias
El cambio en las fachadas viene acompañado por el uso de materiales alternativos que contribuyan al acondicionamiento ambiental de los edificios y generes menores gastos de mantenimiento, asegura Alfonso De La Piedra, arquitecto y gerente general de la empresa DLPS Arquitectos.

Mientras que hace algunos años las paredes de ladrillo tarrajeado y pintado de gris claro o blanco humo eran bastante comunes, hoy se utilizan materiales no tradicionales como el concreto expuesto,  trabajado con moldes para generar texturas, explica Armejo. Añade, que las estructuras de fierro, vidrio, madera y ladrillos caravista buscan generar contrastes tanto de color como de textura, que logran romper la monotonía clásica de Lima.

Para Valente, a nivel arquitectura en general, la tendencia descansa en la sostenibilidad de las fachadas. “[Las fachadas] deberán respetar la orientación del sol, dejar pasar el viento de un lado a otro y usar materiales reciclados ligeros y transparentes”. Esto, incluye más vidrios y menos pintura, tomando en cuenta la iluminación y ventilación de los edificios. “Las fachadas comienzan a tener un rol significativo en el ornato de la ciudad, ayudando a generar valor a las propiedades aledañas y al distrito”, detalla Armejo. “Las tendencias están orientadas a una cubierta “viva” con  celdas solares insertas en los cristales que dotan de energía al edificio o persianas controladas automáticamente por la luz solar”, finaliza De La Piedra.

¿Lo bonito cuesta caro? 

Según Armejo,  aunque los cambios mencionados significan un costo en la construcción, estos no se traslada al consumidor final, pues es se trata de la apuesta de las inmobiliarias por ofrecer una diferenciación respecto a la oferta tradicional. “Los precios dependerán de los acabados que incluya cada edificio. Los precios se han mantenido a pesar de los cambios en las fachadas”, sostiene.

No obstante, Germán Dávalos, gerente de Operaciones y Selección de Quantum Grupo Inmobiliario y Álvaro Chang-Say, director creativo de la inmobiliaria Armando Paredes, piensan lo contrario.

De la Piedra, por su lado, se encuentra en un punto medio, ya que para el ejecutivo, aunque sí existe un mayor costo de inversión inicial, esta se recupera en el tiempo por la reducción en los niveles de iluminación y climatización artificial (mantenimiento). “El edificio se conserva con menos signos de desgaste por mayor tiempo”.


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